
No son mis decisiones más allá de la muralla. Esa es otra sangre y otros tiempos y deseos. Lástima, pero lo son. No soy para este mundo, lo juro por la carne que nos une y la convicción que nos separa. Este es mi instinto, lo juro, me rehúso a negarlo a cambio de remedos de consuelo.
Me queda la comprensión de quien sabe ver la guerra en estos ojos, de quien escucha el temblor minúsculo de coraje en mis palabras. Quizá no debí alejarme, quizá sea que esté errando la senda, pero nunca los pasos.
Estas tierras quedan solas otra vez, al resguardo de la prisa de morir sin trascender. Uhru ka-hnna ttei.