
En la conciencia de la vastedad divina, las risas monótonas me parecen pura decepción lineal. Me enfermo de ideas vacías que fragmentan la sensación, que consumen el romance espiritual que me queda en la sangre. No es apatía, es decepción llana y soberbia.
Existo en el mundo etéreo con un lobo a la diestra y un ángel a la siniestra, compartiendo cada paso y respiración conmigo. Ahí sueño con los sutiles hilos de la vida, donde ciencia y magia se llaman igual y los nombres son notas y las ideas son colores. Ahí llevo el campo de virĭdis en el corazón, la reliquia de anbar como joya en la muñeca y la espada de argentum enfundada en azul. Ese es mi refugio.